El tiempo es el único y absoluto dueño de todas las decisiones que he tomado en toda mi vida, incluso de las que ni siquiera quise o pude decidir. Algo que siempre he asumido sin querer intentar entenderlo es que quiera o no el tiempo es quien lleva mi vida en sus manos, yo no soy capaz de controlar todo lo que me rodea como si fuese mío de veras. Partiendo de ahí, me ha quedado bastante claro que a veces las decisiones no son las que yo querría, pero son las que más probabilidad de hacerme bien tienen, aunque sea solamente a largo plazo. Estoy orgullosa de estar donde estoy a pesar de todo lo malo, y con todo lo bueno, sigue siendo todo trabajo costoso de tiempo, paciencia, ganas y voluntad.