Los sueños, sueños son. Y cuando una despierta, siguen siendo sueños. Sueños que se evaporan al abrir los ojos, y a cada segundo desaparecen como humo. Un humo blanquecino que se me mete en los ojos y me hace lagrimar. O llorar, quizá sea llorar.
Llorar porque se esfuma mi sueño, porque no lo conseguí atrapar. Llorar porque de pronto soy más débil, más real.
Llorar todo lo que no