Es muy difícil asumir un sentimiento que has querido rechazar toda tu vida. Aceptar que lo que sientes lo vas a sentir huyas donde huyas, toda la vida.
Cuando algo se clava en el alma, no siempre se puede sacar. A veces se queda una pequeña espinita dentro, cicatriza y de pronto forma parte de nosotros con total normalidad. Tampoco tenemos por qué darnos cuenta de que está ahí, a veces simplemente lo ignoramos para evitar dolor, o hacernos daño intentando sacar algo que ya se ha hundido tanto que se convierte en inevitable.