Esos momentos en los que toda la culpabilidad acumulada durante tanto tiempo te cae encima. Ahí es cuando sientes impotencia, cuando tienes ganas de golpear y de gritar más que nadie y más que nunca. No es agradable la sensación de pensar que todo lo malo que te pueda pasar en el día es sólo culpa tuya. En mi cabeza pasan muchas cosas y cada vez adopto más una actitud egoísta y posesiva, donde busco cosas que sé que no voy a encontrar. Los bajones cada vez son más usuales a pesar de que hago todo lo posible por sentirme bien, aunque no tenga ni ganas, por socializar y hacer vida fuera de todo lo malo que pueda tener ya. Intento que no se me note demasiado pero hay lágrimas invisibles que no se pueden ocultar.
Y lo que más me jode, son estas ganas de llorar sin motivo aparente, sin una razón lógica de lo que ha podido provocar este casi presente llanto. He creído ser fuerte, me he creído lo más fuerte contra todo... pero no he tenido en cuenta el resto de factores que influyen en esa fortaleza. Es cierto que a veces al sentir que nos falta algo nos hundimos un poquito, y aunque ese "algo" esté presente, necesitamos que se haga notar. Eso no es culpa de nadie ni nada, simplemente es un hecho psicológico que nos gusta que adivinen y no somos conscientes de que hay que decirlo.
Supongo que ya comprendo que no hay que intentar que todo salga de los demás, sino que hay que buscar un poco el amor propio y buscar también un remedio contra todo lo que nos jode. No quiero dejarme taladrar la cabeza y cada vez me siento más vulnerable al manejo mediante el sentimiento de culpabilidad, esto es, siento que cualquier persona es capaz de manipularme y que yo no sea consciente de ello. Y siendo tan controladora como soy yo, eso no es para nada un buen plan en mi vida.
Tampoco es gracioso el comportamiento que adopto de desconfianza y complejos al tener esta sensación, esta paranoia mental rara mía. Me siento además de vulnerable, estúpida a más no poder. Y con ganas.
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