Nadie puede decir que nunca haya dado un paso en falso y NADIE puede decir que no haya sido necesario.
El día a día y la rutina (o la falta de ella) hacen que todo lo que te rodea varíe, o incluso uno mismo, y es algo que ni se puede evitar, ni es bueno evitarlo. A veces no somos conscientes de lo que estamos viviendo y por tanto, de las cosas que hacemos mal a la vista de los que más queremos y los que más presentes están en nuestra vida. Todos deberíamos pararnos a pensar qué es lo que estamos haciendo y cómo, para que nadie se sienta ofendido (que no es que haya que estar pendiente de todo el mundo siempre, sino de que se cree un aura de buen rollo con los nuestros) y tengamos la fiesta en paz. No todos somos/son capaces de llevar una vida más o menos a la orden del día, hay sentimientos y situaciones que nos hacen perder el control y lo damos todo por algo que no sabemos cómo va a ser... también es algo que tiene que pasar, es una de las pocas cosas que dan emoción a la vida.
Lo que sí que no quiero ni lo querría para nadie es el hecho de hacer cosas mal, que otra persona o uno mismo se de cuenta y no haga nada por cambiarlo. Por suerte, las personas que tengo a mi alrededor lo primero que son es sinceros, conmigo misma y con ellos, igual que con el resto del mundo. Y si algo puedo tener con algunos de ellos (no siempre lo puedes hacer con todos...) es confianza. Me han enseñado a base de tortas contra los muros de la vida (la poca que llevo) que no siempre puedes confiar en los tuyos porque la mitad o más de ellos probablemente no lleguen a terminar el camino contigo, sino que vivirán una o unas épocas a tu lado y después seguirán con su vida igual que hacían antes de llegar a la tuya.
Por eso, aprendí a vivir la vida día a día, sin preocuparme siquiera por lo que pueda pasar esta tarde, o si mañana no voy a saber qué ropa ponerme para salir. La vida es lo que es y si no lo aprovechamos podemos acabar a saber donde y a saber como, arrepintiéndonos de no haber vivido la vida con los nuestros y no haber aprovechado el momento con cada uno de los que nos rodean.
Por eso, no me arrepiento de discutir con mi pareja, de llorarle en el hombro a mis amigos, de abrazar a mi madre cuando está triste, de rogarle a mi padre cualquier tontería, ni de pegarme a manotazo abierto con mi hermano de vez en cuando, porque esas pequeñas cosas son las que hacen que uno sea grande cada vez más, y que nuestra vida (cada uno la suya) sea más interesante y extraordinaria.
No hay comentarios:
Publicar un comentario