Porque a veces es tan simple, que ni siquiera nosotros nos damos cuenta...

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martes, 24 de septiembre de 2013

Recuerdos retenidos.

Era jueves noche, al día siguiente había que madrugar. Pero eso no me importó en absoluto. Estaba en Madrid, en una zona que ni siquiera recuerdo, sólo sé que había un montón de gente esperando para ver un concierto y me estaba muriendo de sed, pero tampoco importaba. Miré hacia mi izquierda y durante un instante recorrí aquel garito en el subsuelo tan extraordinario. Todo eran luces que variaban de color e incluso había una zona VIP, separada por pequeños paneles en los que se leía claramente las siglas 'VIP' y a su alrededor lucía todo el resto del panel. También había dos barras en los que una caña de cerveza era como decir "¡QUIERO CAVIAR!".
Bueno, quizá algo menos, pero casi casi. Por detrás de mi estaba el escenario, aunque no sabía muy bien si era un escenario o nos iban a enseñar un concierto grabado, en plan famoso muerto o cosa así. Debajo de ese "escenario" había una especie de gallinero, donde supuse que la gente se bajaría después a ver el concierto que tanto esperaban fuera. Después, a mi derecha, estaba lo más bonito de aquel lugar. Me miraba curioso como si supiera que en ese momento estaba observándolo todo como si acabase de nacer de nuevo. Mientras me sonreía y me miraba curioso me acerqué, y le llevé conmigo a unos sillones negros que había detrás de mi. La verdad es que en ese momento me apetecía jugar, pero preferí quedarme con la idea de que estábamos en un lugar cerrado pero público y que de un momento a otro empezaría el concierto, que era lo que habíamos venido a ver.
Estuvimos sentados un buen rato, hablando de cosas que no recuerdo y curiosidades de aquel lugar y de quien lo llevaba, hasta que empezó el concierto. En cuanto empezó nos levantamos de los sofás que nos cobijaban y nos acercamos a unas vallas que rodeaban el gallinero que antes mencioné, para tener una buena vista de los cantantes. Al lado de la valla había una columna redonda donde me apoyé antes de que empezara. Tras un par de minutos esperando, el concierto dio comienzo. Me puse al lado de él, sin tocarle y sin mirarle, manteniéndome atenta a todo lo que sucedía. De pronto empezó a sonar una canción, una cualquiera, ni siquiera me acuerdo del nombre de la dichosa canción ahora mismo, quizá porque no tenía nada que ver con lo que estaba pasando en aquel lugar. Entonces fue cuando él se acercó a mi, me cogió por la cintura, me llevó en sus brazos hasta la columna redonda, se apoyó él en ella y luego me apoyó a mi en él. Me rodeó con los brazos y acercó su cara a mi nuca, haciéndome así apartar mi pelo de ese lago. Y empezó a cantar. Bueno, en realidad cantar cantó poco, pero tarareaba de vez en cuando la canción, lo que me pareció gracioso y adorable al mismo tiempo. Y de repente, como si estuviésemos en otro mundo, me dijo: "Joder, esto me gusta... Antes no podía hacerlo y ahora, mírame. Estar contigo aquí me gusta mucho". Y yo... me derretí. Entonces decidí que era la hora de hacer algo con mi vida y luchar realmente por algo, aunque implicara tener que recorrerme medio Madrid casi corriendo para llegar a una parada de autobús y tener que esperarle al llegar unos 15 minutos, o tener que quedarme despierta durante el trayecto de vuelta a casa en bus para no pasarnos de pueblo, por ejemplo. Lo único que digo hoy, es que no cambiaría nada de aquel día, ni siquiera que al día siguiente no hubiese clase, nada. Fue uno de los mejores días de mi vida, sin ninguna duda. Fue uno de los días en los que decidí (como otras tantas veces) que no iba a hacer nada por evitar enamorarme de este rubio enfadica con hoyuelos en las comisuras de los labios al sonreír. Para siempre.

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