El cambio que supone un giro de 180 grados en tu vida.
Dudo de que la escritura pueda llegar más lejos de lo banal, de lo que ya está dicho, de todo lo que dije desde 2010 hasta hoy. De hecho, parece que la escritura está dejando de llamarme la atención.
Lo que pasa es que me estoy dando cuenta de que la escritura, pese a formar parte de mi vida como tal, no puedo permitir que me ocupe el mismo tiempo que me había ocupado hasta ahora. También hay que tener en cuenta que hay cosas que se superponen a escribir ya sea por falta de tiempo o por relevante importancia, o que puede que escribir no me sea necesario ya que la gran mayoría de las cosas que me ocurren son buenas y cuando todo va bien nada inspira...
Lo que sé es que no quiero dejar de lado la escritura y que escribir es mi forma de expresar el estado de ánimo que represente en mi día. Hoy, por ejemplo, no he hecho más que intentar explicarme porque he dejado de lado la escritura desde la última vez que escribí más de seguido y, de hecho, no he encontrado una razón lógica para ello. Y eso me preocupa. Temo que llegue el día en que ni la escritura me llene, entonces ese día será el día en que una pequeña (o no tan pequeña) parte de mi muera. En realidad este texto es uno de los textos que no sé si alguien querría leer, pero sé que cualquiera que sea escritor y que viva una situación similar a la mía me entenderá, o al menos entenderá por qué publico una entrada tan monotemática.
Cuando entienda yo misma que la escritura no es más que una simple terapia y que probablemente sea algo pasajero o eventual (algo que sólo necesite en ciertas situaciones o épocas), probablemente desaparecerá, al menos en parte, el sentimiento de culpabilidad que me deja el estar alejada de un bolígrafo y un papel.
Hasta entonces, seguiré pensando en todos esos proyectos a medias que por vagueza o desmotivación, nunca quise terminar.
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