Para todo hay un límite y a veces no sabemos dónde está. En mi vida llega un punto en que no soy capaz de ceder más y todo lo que tengo a mi alrededor se me avalancha encima como una montaña que se derrumba. La diferencia de esas veces es que al parecer yo soy fuerte, y digo al parecer porque a veces no lo soy. De hecho no soy fuerte. Simplemente es un "escudo" protector que me inventé de cría para evitar que los insultos y las putadas que me dedicaban con cariño no me llegaran a hacer daño.
Obviamente no es real, porque está claro que todo lo que me influye me afecta, tanto para bien como para mal, y el miedo de perder todo lo que he conseguido sigue presente en todo momento. No es un miedo que me de pánico, ni que me vaya a matar del suspense de no saber qué pasa realmente, sino que es un miedo irracional, como una especie de fobia, que me hace aferrarme más a lo que tengo duela o no duela, aunque se me esté clavando hasta el hastío.
Y eso no es bueno.
Durante meses, casi un par de años, me he dedicado a observar cómo reacciono ante los hechos que me suceden, y qué debo hacer o no hacer en cualquier caso. Todo me asusta, pero reacciono mejor ante lo que ya sé que va a pasar, que ante lo completamente desconocido. Eso no quiere decir que lo que ya se que va a pasar me tenga tranquila, sino todo lo contrario. Alguna vez que otra me he confiado de saber llevar la situación con calma (como ésta vez) y todo me ha salido al revés (como ésta vez) y he terminado peor de lo que podría haber terminado de no haber asumido la situación (como ésta vez...).
Ahora me domina la poca paciencia, el hecho de tener las emociones a flor de piel y no saber qué hacer conmigo. Tengo una vida un tanto dependiente de muchos factores y cada vez que estoy en peligro de perder o variar alguno de esos factores siento que los cimientos de toda una 'época' tiemblan con riesgo de caerse. Eso es lo que siento ahora. Tengo miedo de perder, de no saber seguir y de arruinarme con sólo pensar. Confío (porque no me queda otra) en que no hay nada que vaya a desaparecer ahora, porque confío en que fuera de mi mente y mi poderosa imaginación, en realidad, esté todo estable.
Rezaría a quien hiciese falta por hacerme creer de veras que todo está bien, que va a ir todo igual de bien que hasta ahora y que en realidad todo lo que se me pasa por la cabeza son imaginaciones mías, paranoias típicas de situaciones desconocidas... O conocidas sin mucha experiencia como es el caso.
Aprenderé a llevar este tipo de cosas un poco más al margen de lo que en realidad me mueve a hacer las cosas por mi misma y así, evitar que todo lo que va mal me afecte para mal, sino manipularlas para que cambien de rumbo y me beneficien en pequeña o gran parte.
Por ahora, doy gracias a los que se preocupan, los que hacen por estar ahí y animarme, los que me hacen reír cuando menos ganas tengo y los que me abrazan cuando saben que lo necesito de verdad. No es fácil aguantarme, y por este tipo de detalles doy gracias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario