Es cierto que la familia no se escoge, que a cada uno le toca vivir en la familia que le haya tocado, ya sea por adopción o biológico/a. Depende de la vida de cada uno, de sus condiciones y sus vivencias que convivan en mayor o menor medida con sus familias. Pero yo me he dado cuenta de que a la mía, aunque pudiese elegir, es la que hubiera preferido. No es perfecta ni mucho menos, de hecho tenemos muchísimos defectos que nos pueden convertir en caóticos, pero si tiene algo... Y es la cercanía, la confianza de que nunca estás sol@. Mi familia me hace darme cuenta de que cada vez que caiga, sea por la razón que sea, van a estar ahí sin juzgarme, apoyándome y queriéndome siempre igual que yo les quiero a ellos y ellas. Sólo espero que nunca nadie en mi vida me haga elegir entre el/ella y mi familia porque lamentándolo mucho no tengo que pensarlo, me quedo sin ninguna duda con mi familia. Es mi gente, mi vida. Y cada vez que algo o alguien se interpone entre mi gente y yo algo falla.
No quiero hablar de más ni juzgar antes de tiempo, pero mi familia es mi vida y no habrá un alma que lo cambie. Y no hablo de toda mi familia, hablo de l@s poquit@s que sé que son de sangre y de alma, no sólo de sangre.
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