"Durante esos cinco días de ingreso en el hospital, Roberto y yo, a pesar de algún que otro momento incómodo, nos convertimos en los mejores amigos. Siempre lo habíamos sido, la única diferencia es que ya no teníamos sexo. y durante esos días hubo momentos en los que pensé que por qué no nos conformábamos con eso, nos llevábamos bien. Él era atento, inteligente, buena persona, divertido, me cuidaba, me llevaba al baño, aguantaba mis cambios de humor, me animaba. Había dejado aparcado su trabajo para estar conmigo. ¿Qué más quería pedirle a una pareja? Pero a la vez, el hecho de haber estado a las puertas de la muerte -vale, puede que no a las mismas puertas, pero convengamos en que si no me hubieran llevado al hospital de urgencia, tal vez ahora no estaría aquí, y si eso no son las puertas de la muerte, al menos es la antesala- me hizo ver que la vida podía ser demasiado corta, demasiado imprevisible como para andar conformándome. Si íbamos a estar aquí un tiempo indefinido, tal vez mucho, pero tal vez poco, mejor intentar exprimirlo al máximo. Nada de conformarse. Es terrible que nos tenga que pasar algo de vida o muerte para darnos cuenta de que cada día es un regalo, y que tal vez mañana no estemos aquí, y que por eso mismo tenemos que intentar vivir de manera intensa."
(Fragmento del libro "No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas", de Laura Norton.)
A veces hasta que alguien no te da escrito o te dice lo que tienes rondando por tu cabeza no te das cuenta de que es real, de que en realidad es eso lo que piensas y que hay muchas cosas que querías llevar a cabo que no estás haciendo, y que como sigas así vas a dejar sin hacer. Por eso te digo que dejes de estar enfadado/a con esa persona a la que adoras, porque si esa misma persona se marcha antes de lo esperado vas a lamentar haber estado perdiendo el tiempo en algo que te va a parecer una tontería después de todo.
Yo quiero a los míos y aunque a lo mejor no lo digo tanto como debería, espero que lo sepan y lo vean.
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