Ya no soy la que era.
Hace un tiempo, escribía cosas útiles, cosas que me servían para salir de mí misma, expresarme y contar lo que siento.
Pero ya no.
Hace mucho que no escribo nada bueno, nada que puedas decir que te haya servido para algo leerlo. Estoy apagada, sin apenas creatividad, rota. Pero no estoy vacía.
Aunque pase el tiempo y las palabras me martiricen, recordando épocas donde todo era de otro color, donde los sentidos se agudizaban a cada instante, esperando recibir algún estímulo, un 'algo' que les diera vida.
Así estoy yo, esperando un estímulo que me haga reaccionar, estoy deseando volver a creer, volver a sentir, crecer. Estoy esperando, y ese es el problema. Se me agota la paciencia, y empieza a asomar la demencia. Nadie quiere ver a una demente pedir, qué mejor que esperar a que esté en mi mejor momento.
¿Y si no hay un mejor momento? Mi mejor momento podría ser ahora, quizá todo vaya a peor a partir de aquí. Lo jodido es que nunca podría saberlo, así que mejor disfrutar ahora y ya llegará lo que sea que tenga que llegar.
Me cuesta, pero estoy aprendiendo a ir paso a paso, sin prisas, sin esperar, pero tampoco sin correr. Necesito verme en el espejo y reconocerme, hace mucho que no me pasa. Hace mucho que me perdí, perdí la pista de mis propios pasos, y ahora estoy en un bosque gigante, a oscuras y sola. Y posiblemente, sea lo que más falta me hacía.
Y ahora he llegado a un claro, con varios caminos, en el que tengo que decidir. ¿Aguantará mi paciencia? Me quedo mirando tus ojos, a ver si me responden sin preguntar. Y entonces lo veo. Decido ir allá donde tus manos sólo sepan acercarse a mí, a mi piel, a mi alma.
Y también sin hablar, te pregunto, ¿te quedas?
No hay comentarios:
Publicar un comentario