Porque a veces es tan simple, que ni siquiera nosotros nos damos cuenta...

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jueves, 8 de septiembre de 2016

Los envidiosos, lejos.

Estos días estoy experimentando nuevas sensaciones sobre muchas cosas, cosas que a lo mejor ya había sentido antes, pero no a este nivel. Nunca me había conocido tanto alguien, ni había visto a las personas tan directamente, que a veces mirando a los ojos puedo saber qué llevan dentro.


Y las personas celosas, envidiosas y rastreras se ven a la legua. No hacen falta más que un par de minutos para mandarles lejos sólo por el comportamiento tan absurdo y repelente que llevan. Una actitud negativa e incómoda para quien está con ese tipo de personas. 

Lo que peor me sienta de este tema es el hecho de que no sean capaces de mantenerse al margen, que siempre tienen que destacar en algún aspecto, normalmente metiendo la pata hasta tal punto de hacerme cabrear sin casi darse cuenta. Y encima luego asumen que la culpa no es suya porque quien ha caído en la provocación he sido yo. 

Con el tiempo me encuentro con que hacen preguntas impertinentes a personas que no deberían, me encuentro con comentarios absurdos que incitan a posar bruscamente mi mano sobre la superficie de sus caras. Me encuentro con un montón de gestos y movimientos que solamente indican eso, celos y envidia. Miradas de reojo, separaciones o acercamientos intencionados, el tono al pronunciar determinadas palabras, etc. 

Sinceramente, siempre me ha dado lástima, pero ahora que me pilla más de cerca que nunca, más que pena me da asco. Tiene que ser muy triste no ser capaz de controlar esas cosas, ser un poco más prudente con lo que se hace y se dice. Lo más probable con esas actitudes es que se pongan a muchas personas en su contra sin darse cuenta, y cuando quieran pedir apoyo no habrá nadie que soporte su forma de ser.

Cuando me toque combatir contra esa gente, será cuando de verdad me enerve y saque mi lado más asqueroso, más insensible y directo. Y se sorprenderán, fliparán con mi actitud e incluso es posible que se asusten. Pero será tarde, porque habrán sobrepasado la línea, el límite que voy avisando con el tiempo. Y no me dará ninguna lástima enfrentarme a ello.

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