Odio tener la sensación de que estoy perdiendo el tiempo, o más bien de que me estén haciendo perder el tiempo.
Cuando empecé, cogí el curso con ganas, con ánimo. Pretendía esforzarme al máximo por todo y estudiar cada día, hacer buenas migas con mis compañeros para poder trabajar mano a mano, y entender y respetar a mis profesores lo máximo posible.
Poco a poco se han ido
mermando todas esas cosas. No me esperaba que fuese a ser tan rápido, ni que me fuese a quitar tanto las ganas de estudiar cualquier cosa. Estoy atascada en un eterno dilema entre el esfuerzo y el azar.
Me estoy dando cuenta de que en este curso el azar es el único que vale. No hay razones para nada, ni argumentos, ni opciones, sólo azar. Tienes suerte, o no la tienes.
Cada trabajo, cada examen, cada clase teórica y, sobre todo, cada clase práctica, me hacen pensar de verdad que me he equivocado de estudios, de profesión. Algo por lo que siento pasión, me da pereza. No quiero trabajar de esto, y sobre todo, no quiero tener contacto con apenas nadie que trabaje de esto. Se salvan unos pocos compañeros que sí que me han demostrado que tienen ganas de aprender y crecer, que esto les apasiona, no es sólo porque se les da o se les puede dar bien. No es porque "bueno, ya que estoy..." ni porque "no me cogieron en lo que yo quería", sino que es porque ellos lo han decidido, han elegido este camino porque les gusta, porque les interesa aprender más, se merecen que se les reconozca aunque sea con un triste título.
Y son esas personas las que hacen que siga yendo a clase, porque siempre están ahí cuando me cabreo, cuando me indigno o cuando me canso. Siempre hay alguien al relevo, pendiente, astuto. Siempre hay alguien, aunque sea sólo una persona, que puede comprenderme, que me escucha y atiende, que comparte lo que opino, o al menos puede estar de acuerdo.
Sin embargo, el resto de personas hace más peso en la balanza. La mala fe, la pereza, el desinterés general... Simplemente el individualismo que no debería existir en esta profesión, les distingue. Algunos me transmiten la sensación de que en realidad sólo quieren el título y ya, para que puedan cobrar más a la gente a la que le hagan sesiones. Otros simplemente me parece que están ahí por objetivos sociales, por no aburrirse en casa o, como he dicho antes, porque no les habían cogido en otros cursos. Y todo eso a mí me da igual, porque me dan igual. Simplemente existe un trato de compañeros, de buen rollo para hacer más amenas las clases, y ya. No hay amistad, no hay trato fuera del aula, ni siquiera en los pasillos.
Por eso quiero huir, quiero experimentar de nuevo. Quiero probar algo nuevo, totalmente distinto, algo que no diría nunca que estoy capacitada para hacerlo.
Salto de un lado a otro con la esperanza de dar en el clavo, de (¡por fin!) dar todo lo que puedo dar en una profesión: las ganas, el conocimiento, la capacidad de aprendizaje, la creatividad, mi futuro.
Y además, salto sabiendo que al otro lado hay alguien, pase lo que pase. Tengo un compañero de vida, y quizá algún día de profesión, una persona a la que puedo pedir ayuda, consejo, compartir problemas que me vayan surgiendo, comentar decisiones que vaya tomando... Y no con mucha diferencia. Está la oportunidad de crecer y aprender juntos, muy cerca el uno del otro.
Y es que no hay nada en la vida que me enamore más de ella que el amor y todo lo que pueda compartirse con él. Incluidas profesión y hobbies.
No hay comentarios:
Publicar un comentario