Te echo de menos. Te echo tanto de menos que no sé ni por qué lo hago.
Hace muchos años que te fuiste, por desgracia. Hace muchos años que te recuerdo, aunque no puedo imaginarte como más que un niño de unos 7 años. Te mantengo vivo en mí, hasta el dolor. Hay tantas palabras que deberían servir de consuelo..., y sin embargo no lo encuentro en ninguna. Ni en nada. Ni en nadie.
Sinceramente no sé qué sería yo para ti en ese momento, pero sí sé que tú me enseñaste lo que realmente era el amor. Y no se parece al amor que luego me intentaron imponer, sino que iba mucho más allá en la línea temporal. Tú me enseñaste el amor libre, el amar por amor, el ser sin pisotear. Y quizá haya intentado miles de veces encontrarte en otros, de alguna manera. Me siento terriblemente mal. "¿Qué te pasa?", "lo siento", "¿jugamos?".
Me dueles tanto que de pronto me siento idiota. Me dueles tanto que siento que te he fallado más a ti que a nadie, con todo lo que te habría dado de estar aquí. Siento que si tú no estás no puedo avanzar más en la vida, aunque sé que eso es irracional. Me siento mucho más perdida y a veces te echo la culpa a ti, por enseñarme demasiado pronto la vida (y la muerte). Te echo la culpa a ti porque no estás, me enfado contigo por no ponerte el cinturón de seguridad, por perder el conocimiento y a veces por morirte. Y lo siento tanto... no sé cómo gestionarlo a pesar de los años.
Ojalá saber qué habría pasado si no te hubieras ido aún, si siguieras aquí, conmigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario