Nunca había estado tan en calma.
Estas últimas semanas estoy trabajando mucho en mí misma, en sentirme bien y en mejorar mi relación conmigo misma, y tengo claro que no es cosa de poco... Pero lo estoy consiguiendo.
Poco a poco estoy siendo más autosuficiente, dejando de depender tanto de las palabras y acciones de los demás, manejando mis emociones de otra manera y controlando el control. Estoy asumiendo que hay cosas que se escapan de mis manos y no pasa nada, así me resulta más fácil fluir porque, al final, salga como salga no estaba en mi poder hacer nada para cambiarlo. Hablo mucho más conmigo sobre mí, sobre mi alrededor y sobre cómo lo percibo yo, y me siento mil veces más tranquila.
Soy consciente también de los pensamientos tóxicos que tengo a veces, y estoy empezando a manejar la situación de otra manera cuando entro en el bucle negativo de alguno de ellos. Ahora puedo callarme la mente y clasificar los pensamientos en necesarios y basura. Es mucho más clarificador.
Y me da mucho miedo.
Me da miedo porque me he lanzado por completo a vivir, a sentir. Me da miedo porque salgo de mi zona de confort aunque no me haya movido de mi casa. Me da miedo caer ahora al abismo y recaer sin querer en la misma mierda.
Me da miedo lamentarme por haber tomado ciertas decisiones. Miedo a equivocarme. A fracasar.
Pero... es un miedo que motiva. Es la adrenalina de una montaña rusa. Es miedo del que al final del todo te termina dando la vida. Sólo hay que saber esperar para que te llegue lo que de verdad te mereces por tus esfuerzos.
Por tratar de ser mejor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario