Porque a veces es tan simple, que ni siquiera nosotros nos damos cuenta...

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jueves, 16 de mayo de 2013

Felicidad.

Créanme cuando digo que en el mismo momento que descubres cual es el factor que te atasca el camino en la vida, aprendes a cubrir tus errores con nuevas experiencias y girar tu comportamiento en torno a unos principios y a unos aspectos de tu vida que con el tiempo van tomando más importancia que otros, que se hacen más grandes y ocupan más tiempo que otras.

En mi vida, mi problema es que no digo las cosas a tiempo ni como debería, que suele ganarme mi orgullo siempre y que no se diferenciar en qué momentos decir una cosa y en cuáles no debería decir esa misma cosa.
Sin embargo encontrar una salida a ese problema es la salvación de cualquier persona. No siempre se trata de erradicar el problema, sino que a veces es una forma de tratarlo por otros métodos. Por ejemplo, una persona a la que le enfurece una determinada situación, en lugar de excusarse para no llegar a esa situación, podría empezar a boxear.
La mía es una salida más física que mental, más de necesidad que de solución... Y no puedo contarlo.

Sólo pido un acompañante que me ayude a conseguir esa solución, que me haga liberar energías sobrantes, que me aguante antes y después de todo eso y que además, sepa entenderme cuando ni yo misma me entiendo. En realidad, no es tan difícil...

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