Desde el primer día al pie del cañón, incluso mucho antes de que tú te dieras cuenta. Cada vez que hablabas de ella algo dentro de mí se marchitaba, sin quererlo siempre andaba dándole vueltas al tema sin tener por qué. Sin embargo seguí, confiando en que todo aquello terminaría por acostumbrarme a la situación. Pasaron los meses, aumentó la confianza y las ganas de saber más, más de ti, más de mi y de lo que había fuera. Me diste la luz necesaria para tener ansias de explorar. Se me iba la cabeza de vez en cuando, tenía mucha presión encima, mucha tsnr imposible de resolver, muchas ganas de ti... Aún con todo eso, seguí al pie del cañón. Te vi llorar, te vi reír, te vi asquearte, y sonreír despacito...
Confiaba de pleno en que no llegara nada a nada y que todo se quedara tal como estaba, estaba todo muy bien. Puse mi empeño en hacer funcionar mi comportamiento, mantenerme al margen (que frase más linda...) y ser capaz de observarlo todo desde un punto objetivo. También se me iba la cabeza ahí, no quería meterme, pero por otro lado era incapaz de mantenerme totalmente al margen. No iba a parar a ningún lado o eso creía yo, ahora ya no estoy tan segura. No quería tampoco meterte en mi vida, así que decidí acoger en mi cabeza la idea de ser tu amiga, sincera y cariñosa, pero al fin y al cabo no sería más que eso. Aceptar tus llamadas, pero no enviar ninguna. Aceptar tus quedadas, pero no proponer ninguna. Eso para mí era lo que realmente me parecía que debía hacer.
Con el paso del tiempo intenté mantenerme al pie del cañón, claro que no es fácil y cada vez vencía más fácilmente hacia tu lado, quizá abalanzándome cada día un pelín más. Con eso y con todo tú continuaste tu lucha, ya no sé si teniéndome en cuenta o no, pero continuabas. Eso para mi era un claro ejemplo de fuerza de voluntad. Tome conciencia y apuntes y aprendí, valoré posiblemente antes que tú y vi que no tenía ninguna oportunidad de conseguir nada por estar al pie del cañón, y que lo que estaba haciendo no era lo que de verdad quería. Yo quería darte un beso mío, coger tu mano por un instante y sentir cómo correspondías. Quería despertarme a tu lado y no tener que pensar que era ella la que podía hacerlo. Un día llegué a sentir celos de verdad. Ella podía "tenerte" más cerca que yo. Virtualmente, a la hora de la verdad sabemos que no es así... Entonces comencé a luchar. Fui a por todas y todavía no recuerdo muy bien cómo fue, qué hice y cómo avancé. Pero me gustó la sensación de saber que estaba haciendo algo que de verdad quería, algo en lo que realmente creía. Y lo hice manteniendo mi postura, entrando poco a poco por el camino que sabía que estaba accesible, sin deteriorar ningún aspecto de tu vida ni de la mía (hasta ese punto). Y casi sin darme cuenta estoy colgada, atrapada, pillada, enamorada irremediablemente de esa media sonrisa que me dedicabas exclusivamente a mi, y que aún me dedicas. Ahora cuando escucho tu voz y esa fantástica frase que tanto me gustaba y me gusta ("me encantas") recuerdo por qué estoy aquí y qué hace que siga estando. A veces me fastidia saber que posiblemente sea algo forzado, e incluso puedo llegar a reflexionar seriamente sobre ello. Luego tomo de nuevo la conciencia que me obligué a tragar y sé que si estamos así es porque ambos estamos a gusto, en el momento en que uno de los dos se agobie o no quiera seguir al pie del cañón como hasta ahora, el otro está condenado a aceptar su posición, pese a que yo en mi caso lucharía hasta quedarme sin fuerzas, porque eres lo más bonito que ha pasado por mi vida, quien más fuerzas me ha dado para seguir adelante y quien más me ha enseñado sobre todos los temas, incluso sobre mi misma. Para mi esto cuenta por ahora como una experiencia incomparable e inolvidable, algo que seguiré recordando dentro de 20 años sea cual sea mi futuro, algo que llevaré conmigo siempre, el sentimiento de haberte amado, la sensación de felicidad en cada una de nuestras peleas por ser contigo con quien discuto y no con cualquier crío inútil de los que hay ahí fuera. Y a día de hoy, desde ese 15 de junio de 2011, cuando sin querer me encontraste, sigo al pie del cañón, deseando que me des más de ti, deseando que quieras que te de más de mi.
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